No votes. 6 ventajas y 4 motivos para evitar la votación en sus reuniones

La escena es sumamente común. Un gerente se enfrenta a un problema, una cuestión, o cualquier otro elemento que hay que definir.

Él pide la opinión del equipo de subordinados y aparecen divergencias.

Después de unos momentos, el clima se pone más tenso. No hay consenso entre los participantes. El conflicto sigue creciendo. Cada uno defiende su punto de vista, como si pusiera una bandera de dominio en un nuevo territorio. El reloj crea una presión adicional en el ambiente.

Entonces, vencido por el tiempo, por la obstinación clara de algunas personas y por su propia ansiedad, reivindica lo que parece ser la única manera de poner fin al conflicto.

–      “Vamos a votar”

Y este es el principio del fin.

Nada más equivocado para un líder de una organización, que usar la votación para resolver dilemas de su responsabilidad.

Yo sé que parece justo, sensato, y votar es un símbolo de democracia en la mayor parte del mundo. Además, da una sensación de alivio y es algo rápido.

Pero es importante aclarar algo, el voto es sólo una herramienta que hallaron las grandes democracias para que todos, de alguna manera, sean escuchados – en algunas cuestiones relacionadas con el medio político social en el que viven sus ciudadanos.

No obstante, en una organización con líderes, subordinados, funciones y responsabilidades claras, este recurso no crea buenos resultados, por el contrario, aumenta los niveles de conflicto. A continuación, explicaré los motivos:

1.  Hay ganadores y perdedores. A usted, eso le puede parecer normal, que es parte de la vida. Sin embargo, el líder necesita que todo el equipo esté comprometido, y por lo general aquellos que perdieron la votación no quedan felices y motivados para actuar de acuerdo con algo que no aceptan.

¿Quién nunca participó en una conversación de corredor y escuchó?: “eso no va a funcionar…” o, peor aún, cuando la decisión que se tomó, estaba equivocada y viene la venganza: ¡yo dije que no funcionaría!

2.  Cuando se hacen votaciones constantemente, es común que los grupos se acomoden por líneas de pensamiento, procesos de lealtad y simpatías personales. Lo que hace que un grupo vote siempre unido, como un partido, casi un grupo político. Lo que aumenta el conflicto fuera de la sala de reuniones.

3.  El voto es ideal para aquellos que no quieren exponer o discutir. Note cómo hay subordinados que no emiten ninguna opinión cualitativa. Todo es una cuestión de acuerdo o desacuerdo. De SÍ o NO. Pero el mundo de las organizaciones es mucho más complejo, y un líder tiene que saber lo que piensan todos los subordinados de su equipo.

4.  Por último, y quizás lo más importante. Perdónenme la sinceridad, pero votar en las decisiones de la organización es un proceso falso. Es una mentira que el líder cuenta y todos la creen, para fingir que la decisión fue compartida. No, no lo fue. El poder de decisión siempre estuvo, y continúa en la mano del líder. El hecho de que él no utilizó un proceso autoritario para decidir de acuerdo a sus convicciones, no hace que el proceso sea participativo. De hecho, el líder abdicó de su papel para dejar que la mayoría decidiera. Sería una buena estrategia para escapar de la responsabilidad, si eso fuera posible.

Si la responsabilidad final es siempre del líder, ¿cuál es el sentido de que este líder asuma una posición con la cual no está de acuerdo, simplemente porque perdió la votación?

Una gestión democrática es una gestión basada en la escucha activa, en el respeto, en discusiones, conflictos, argumentos y en el intercambio de ideas sinceras y honestas.

La gente siente que participó cuando la escuchan, la mayoría de las veces, la votación no provoca esta sensación.

La búsqueda del consenso es un ejercicio largo, pero es eficaz a medio y largo plazo.

Además, evitar votaciones y conducir buenos argumentos que buscan el consenso, hace que:

  1. –      El líder sepa lo que piensa cada subordinado;
  2. –      Los subordinados se preparen mejor para las reuniones, trayendo datos y ejercitando su poder de persuasión;
  3. –      La gente pueda cambiar su posición y sus ideas, en lugar de cavar trincheras y defender un punto;
  4. –      El entorno se vuelva transparente, suavizando los chismes e intrigas;
  5. –      El líder asuma su papel de liderazgo y establezca las situaciones de acuerdo a lo que él considera que son los mejores argumentos;
  6. –      El líder pueda delegar el poder a sus subordinados para ejecutar la decisión de acuerdo con lo que se discutió, manteniendo claras las responsabilidades de cada miembro del equipo, incluyendo el suyo.

Por supuesto, para esto es necesario saber cómo gestionar los conflictos que dejarán los bajos fondos de los baños y pasillos, y vendrán a la mesa de conferencias. Pero este es un punto para otro artículo.

¿Y usted, ya pasó por este tipo de experiencias en su organización? ¿Cómo las solucionó?

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